Es ya la tercera vez que uso mi playera de básquetbol obsequiada por el colegio.
Hoy fui al parque a practicar. Llegué y alcancé lugar en la cancha. Me puse a tirar y encestar. Parecía que iba a ser un buen día, ya que no se veían muchas nubes opacas, por lo cual nada, ni la naturaleza misma me impedirían jugar alegremente.
Pasó un buen rato en el cual yo hacía tiros, y entonces, veo arribar a un hombre de una estatura y talla mayores que la mía. Venía con su balón amarillo de básquetbol, el cual por cierto contenía demasiado aire comprimido.
Saludóme cortésmente y fue a tomar terreno en la otra mitad de la cancha. Tardamos alrededor de treinta minutos en calentar cada quien por su cuenta para realizar finalmente nuestro encuentro deportivo.
Acercóseme y me preguntó que si deseaba jugar contra él, a lo cual acepté, como siempre lo haré.
Le pedí que me diese tiempo para prepararme. Así fue. Ya al estar listo, me acerqué.
Me preguntó la forma en que jugaríamos, y quedamos en que las canastas valdrían un punto, y terminaríamos a los 16 puntos (canastas).
El juego empieza. Él encesta sus primeras dos canastas y las dos primeras del juego; seguido a esto, yo respondí con dos para empatar 2-2, y luego desempaté con otra canasta. El juego siguió su flujo con un marcador cerrado. 4-5, 6-7, 8-7, etc.
Llegó un momento donde mi contrincante dejó de acertar sus tiros y yo mejoré los míos, aunque no por mucho tiempo. Recuerdo haber hecho un gancho y una colada apenas bien hecha bajo el brazo defensor de este hombre.
Después de mi pequeña y malgastada suerte, llegó el balance para tumbarme. Él encestó una, dos, y tres canastas seguidas, a lo que sólo pude contestar con una.
Hoy fui al parque a practicar. Llegué y alcancé lugar en la cancha. Me puse a tirar y encestar. Parecía que iba a ser un buen día, ya que no se veían muchas nubes opacas, por lo cual nada, ni la naturaleza misma me impedirían jugar alegremente.
Pasó un buen rato en el cual yo hacía tiros, y entonces, veo arribar a un hombre de una estatura y talla mayores que la mía. Venía con su balón amarillo de básquetbol, el cual por cierto contenía demasiado aire comprimido.
Saludóme cortésmente y fue a tomar terreno en la otra mitad de la cancha. Tardamos alrededor de treinta minutos en calentar cada quien por su cuenta para realizar finalmente nuestro encuentro deportivo.
Acercóseme y me preguntó que si deseaba jugar contra él, a lo cual acepté, como siempre lo haré.
Le pedí que me diese tiempo para prepararme. Así fue. Ya al estar listo, me acerqué.
Me preguntó la forma en que jugaríamos, y quedamos en que las canastas valdrían un punto, y terminaríamos a los 16 puntos (canastas).
El juego empieza. Él encesta sus primeras dos canastas y las dos primeras del juego; seguido a esto, yo respondí con dos para empatar 2-2, y luego desempaté con otra canasta. El juego siguió su flujo con un marcador cerrado. 4-5, 6-7, 8-7, etc.
Llegó un momento donde mi contrincante dejó de acertar sus tiros y yo mejoré los míos, aunque no por mucho tiempo. Recuerdo haber hecho un gancho y una colada apenas bien hecha bajo el brazo defensor de este hombre.
Después de mi pequeña y malgastada suerte, llegó el balance para tumbarme. Él encestó una, dos, y tres canastas seguidas, a lo que sólo pude contestar con una.
Siguió de esa manera mi errática rutina, y perdí, diez canastas a dieciséis, lo cual significo una buena batalla para mí, ya que no siempre me acerco tanto al marcador ganador, a menos que yo gane.
Le pregunté al hombre que si vivía allí. Dijo que sí, que está viviendo en Les Tourelles, pero él viene de la provincia de San Luis Potosí. Seguimos platicando un poco de nosotros. Le comenté que iba a entrar al equipo de la preparatoria, por lo cual me estaba preparando.
Nos despedimos cortésmente, y cada quien tomó su camino.
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