Montag, 3. Oktober 2005

Un segundo módulo, una segunda oportunidad

Hoy, empezó el segundo módulo, y como siempre, una oportunidad más de sobresalir. Durante la mañana llegué y saludé a mis fieles amigos de Java, Ibis y Dägamos. Platicamos de cómo nos imaginaríamos nuestras clases nuevas, nuestros maestros, y cosas al respecto.

Bien, las clases empezaron y todos asistieron a sus salones correspondientes. Yo entré al mío (307), mientras mi amigo alto, robusto y gracioso; y mi amiga velada, con quien he compartido grandes secretos y comentarios, entraron al 308. Y nuestro compañero Dägamos se dirigió a su alejado lugar de procedencia: el 305.

Mi primera hora fue de Computer Technology, después la de Communicative English o Reading, como sea, y me tocó una de las maestras que yo deseaba, la maestra Dávila Longoria, por cierto muy guapa. Recuerdo que ella fue quien me ofreció ayuda en la hora del examen del TOEFL, el cual realmente me cayó duro, pero me agradó muchísimo la benevolencia de este mujer en ese día tan lejano ya.

Como tercera y cuarta clase tuvimos la de Writing, o Academic English con otra de mis maestras deseadas (de hecho, una de los dos únicas deseadas), la maestra Esparza, quien nos dió (al 208) clases de cursos propedéuticos antes del segundo semestre de preparatoria, en vísperas de haber descubierto a alguien tan especial en Il Zièdew.

Después de esto, siguió el tan glorioso descanso. Durante éste me congrego con mis grandes amigos, a quienes siempre los comparo como una majestuosa fortaleza que me protege de cualquier golpe, insulto o amenaza. Solemos muchas veces estar en uno de nuestros lugares más tranquilos: en las ventanas de la pared trasera del edificio.

Luego de cuarenta minutos de plática, escuchar nuestras historias, esperar a que todos hayan comprado su comida, y estar juntos, nos tenemos que separar de nuevo para volver a nuestros aposentos escolares.

De ahí siguió la clase de Español con el maestro Cordero, el cual por su destacada altura se podría confundir con uno de nosotros y eso le da la gran estrategia de que, si uno de nosotros los alumnos lo confunde, éste le pueda cerrar la puerta y no permitir a alguien entrar a la aula.

Y por último, tal vez la más tediosa, o la más tranquila, o la más enérgica clase: Mathematics, con el cómico profesor Chora Ramos. Debo de aclarar de que aparenta ser lo que es: muy gracioso, aunque no aparenta lo que es de inteligente y serio.

Pero saben, ocurrió la maldita ocasión en que el maestro tocó el tema de reprobaciones y materias pendientes, y eso me trajo a la mente los malos momentos que pasé con la materia de ciencias sociales. Aún no sé si la dejé en die zweite Gelegenheit, lo cual trajo un nerviosismo feo que no sentí desde el viernes, cuando la maestra nos pidió que le escribiéramos cómo nos definíamos y qué calificación deseabamos por nuestra cuenta. Yo la verdad, les soy sincero, no le quise pedir nada a nadie, y por lo tanto, ya se imaginarán más o menos lo que le escribí, a pesar de saber que las cosas no iban a salir bien.

Aquella vez mis propios ojos temblaban y padecían terremotos, querían romperse y mis labios erán unos fanáticos émulos de estos síntomas de depresión. No logré sentirme tan tranquilo al salir de clases. Pero mis sentimientos los oculté mientras todo mundo se encontraba felíz platicando de sus clases y sus anécdotas nuevas.

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