
Mientras yo estaba matando el tiempo repasando por enésima vez el horario de Gemaves en mi libreta azul, y viendo mis contactos en mi celular, las personas pasaban frente a mí. Fue alrededor de las ocho de la mañana cuando mis ojos divisaron un par de esferas oculares muy bellas. Pertenecían a una muchacha linda. Al primer instante mis pensamientos no quisieron admitir la lindura de esta persona, por lo que (como comúnmente hago) mis ojos no mantuvieron fija su mirada. Pero no tardé en volver a seguirles el rastro a estas muchachas (porque Ella iba acompañada).
Pasaron unos cuantos segundos (o menos de tres o dos minutos) y volteé hacia mi lado izquierdo, para atrás (en términos de álgebra lineal en tercera dimensión, si yo fuera el origen, entonces yo habría volteado "a un vector diagonal entre +i y -j"), donde se encontraba la cafetería. Noté que las luces ya se encontraban encendidas, por lo que me decidí a entrar de una vez por todas.
Al empujar la puerta y haber dado al menos unos cinco pasos pude observar que estas dos muchachas previamente vistas se encontraban nada más y nada menos que en el mismo lugar que yo. ¡Esto sí que era un buen agüero, y una muy buena oportunidad para...!
Ella se parecía algo a Exandrin, una muchacha chaparrita, muy alegre y extrovertida de mi grupo 89 de los sábados, pero esta chica se veía más linda y algo tranquila. ¡Guau!
Yo al llegar a la caja, donde la señora que atiende se encontraba, Ella y sus amigas estaban sentadas a unos pasos detrás de mí. ¡Qué emoción! Tras esto pedí mi desayuno, el cual sería una orden de cuatro tacos surtidos (uno de chicharrón, de deshebrada, de picadillo y de barbacoa).
Minutitos después mi orden estaba lista y cuando fuí por ella, la chica encantadora estaba tomando la lechuga de la barra, y yo apenas me dirigía hacia ahí (Ella). Al terminar de tomar lechuga para mis taquitos, me senté en mi mesa, desde donde yo podía verla.
Sus ojos tan brillantes, su cabello suelto y algo onduladito, su pequeña semblante.
¡Oh, yo en algún tiempo dije que no me gustan las muchachas más chaparras que yo, a excepción de que éstas fueran muy bellas, o muy inteligentes! ¡Ésta si que era lindísima!
Terminé de desayunar antes que ellas, y mantuve matando el tiempo leyendo mi libro de Fundamentos de la psicología, de Robert A. Baron, y analizando por (n+1) vez el horario de Gèrades, y de cuando en cuando, volteaba a verle a sus ojos, los cuales al moverse hacia mi lado, los míos se escondían entre las letras de mi libro de psicología.
¡Oh, la psicología de los enamorados!
¿Cómo estoy actuando?
Al ser casi las ocho y media de la mañana, noté que ellas se comenzaron a parar de sus asientos y se dirigían a la puerta de entrada de la cafetería para marcharse. Yo volteé hacia mi teléfono celular para ver la hora, y decirme (actuadamente) <<¡Oh, Hènnard, ya es tarde! ¡Hora de irnos!>>, y fué entonces que empecé a guardar mi libro y mi cuaderno azul. Me paré y fui a comprar unos chicles (estratégicamente) para adquirir un aliento agradable. Desde el punto donde yo me encontraba pagando estos productos, pude ver a través del cristal de la ventana que ellas voltearon hacia adentro (¿hacia mí?), y me puse nervioso.
Salí ya de la cafetería y me dirigí tras ellas (Ella). Íbamos en la misma dirección, y yo intentaba alcanzarlas. Lamentablemente había varias personas que impedían verlas con certeza, llegando así a perder mi meta. Ya para el cruce entre los pasillos que dan hacia la FACPYA, la FFYL, la facultad de derecho y criminología, y hacia La Flama eterna (Alere Flammam Veritatis), noté que ellas iban muy adelante, y ya no notaba a esta chica tan bella.
¡Maldita sea!
Habían muchos obstáculos en esos momentos. La gente y unas vallas que unos señores estaban colocando por la entrada de la FFYL.
¡Si tan sólo la hubiese alcanzado!
¡Si tan sólo pudiese verla de nuevo!
¡Si tan sólo lo que creo que Ella sintió fuese verdadero y recíproco!
¡Si tan sólo... bah!
Ahora son dos muchachas...
Isadena, y esta muchacha.
Ellas son Ellas.
Pasaron unos cuantos segundos (o menos de tres o dos minutos) y volteé hacia mi lado izquierdo, para atrás (en términos de álgebra lineal en tercera dimensión, si yo fuera el origen, entonces yo habría volteado "a un vector diagonal entre +i y -j"), donde se encontraba la cafetería. Noté que las luces ya se encontraban encendidas, por lo que me decidí a entrar de una vez por todas.
Al empujar la puerta y haber dado al menos unos cinco pasos pude observar que estas dos muchachas previamente vistas se encontraban nada más y nada menos que en el mismo lugar que yo. ¡Esto sí que era un buen agüero, y una muy buena oportunidad para...!
Ella se parecía algo a Exandrin, una muchacha chaparrita, muy alegre y extrovertida de mi grupo 89 de los sábados, pero esta chica se veía más linda y algo tranquila. ¡Guau!
Yo al llegar a la caja, donde la señora que atiende se encontraba, Ella y sus amigas estaban sentadas a unos pasos detrás de mí. ¡Qué emoción! Tras esto pedí mi desayuno, el cual sería una orden de cuatro tacos surtidos (uno de chicharrón, de deshebrada, de picadillo y de barbacoa).
Minutitos después mi orden estaba lista y cuando fuí por ella, la chica encantadora estaba tomando la lechuga de la barra, y yo apenas me dirigía hacia ahí (Ella). Al terminar de tomar lechuga para mis taquitos, me senté en mi mesa, desde donde yo podía verla.
Sus ojos tan brillantes, su cabello suelto y algo onduladito, su pequeña semblante.
¡Oh, yo en algún tiempo dije que no me gustan las muchachas más chaparras que yo, a excepción de que éstas fueran muy bellas, o muy inteligentes! ¡Ésta si que era lindísima!
Terminé de desayunar antes que ellas, y mantuve matando el tiempo leyendo mi libro de Fundamentos de la psicología, de Robert A. Baron, y analizando por (n+1) vez el horario de Gèrades, y de cuando en cuando, volteaba a verle a sus ojos, los cuales al moverse hacia mi lado, los míos se escondían entre las letras de mi libro de psicología.
¡Oh, la psicología de los enamorados!
¿Cómo estoy actuando?
Al ser casi las ocho y media de la mañana, noté que ellas se comenzaron a parar de sus asientos y se dirigían a la puerta de entrada de la cafetería para marcharse. Yo volteé hacia mi teléfono celular para ver la hora, y decirme (actuadamente) <<¡Oh, Hènnard, ya es tarde! ¡Hora de irnos!>>, y fué entonces que empecé a guardar mi libro y mi cuaderno azul. Me paré y fui a comprar unos chicles (estratégicamente) para adquirir un aliento agradable. Desde el punto donde yo me encontraba pagando estos productos, pude ver a través del cristal de la ventana que ellas voltearon hacia adentro (¿hacia mí?), y me puse nervioso.
Salí ya de la cafetería y me dirigí tras ellas (Ella). Íbamos en la misma dirección, y yo intentaba alcanzarlas. Lamentablemente había varias personas que impedían verlas con certeza, llegando así a perder mi meta. Ya para el cruce entre los pasillos que dan hacia la FACPYA, la FFYL, la facultad de derecho y criminología, y hacia La Flama eterna (Alere Flammam Veritatis), noté que ellas iban muy adelante, y ya no notaba a esta chica tan bella.
¡Maldita sea!
Habían muchos obstáculos en esos momentos. La gente y unas vallas que unos señores estaban colocando por la entrada de la FFYL.
¡Si tan sólo la hubiese alcanzado!
¡Si tan sólo pudiese verla de nuevo!
¡Si tan sólo lo que creo que Ella sintió fuese verdadero y recíproco!
¡Si tan sólo... bah!
Ahora son dos muchachas...
Isadena, y esta muchacha.
Ellas son Ellas.
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