Freitag, 13. Februar 2015

Los zapatos de Getsemaní

En este sueño me encontraba inicialmente en el centro de la ciudad de Harlzbornn junto con unos amigos. Cerca de la plaza del Colegio Civil, me acercaba yo a un puesto de comida. Pedí una Coca-Cola. La peculiaridad de esto fue que en el local tenían envases de hielo. ¡Así es! ¡Envases de hielo! Así el refresco  se mantenía más frío, e incluso uno podría comerse el envase, pues era de hielo.

Después de esto, seguí caminando con mis amigos por el centro. Al parecer andábamos de compras. No recuerdo qué zapatos compré, pero cargaba en cada mano un par de zapatos nuevos, mientras que traía todavía puestos los viejos. En algún momento en que seguíamos en el centro, me detuve a cambiarme de zapatos. Me hinqué en una acera, y mientras me ponía los nuevos zapatos, alguien me había robado los zapatos viejos. Y luego quise ponerme un par de los zapatos nuevos, cuando descubrí que nuevamente me había robado los zapatos, pero en esta segunda ocasión me robaron un zapato de cada par, por lo que me quedé con los zapatos disparejos.

Después de otro momento, creo que me quedé descalzo.

Tras varias vueltas en el centro de Harlzbornn, yo y mis amigos decidimos despedirnos y cada quien tomó su camino a su respectivo destino. Yo tomé un autobús y esta ruta era muy larga. Pasábamos por unos terrenos que nunca había visto, donde habían ranchos enormes, fincas y mansiones en el campo. Uno entre tantos me llamó mucho la atención. Era un edificio que, como cualquier pirámide, los pisos iban disminuyendo de tamaño conforme el edificio era más alto. Y lo más sorprendente es que yo podía ver a través de ese edificio.

¡Sí! Podía observar que habían habitaciones enormes, gigantescas, donde una cama de gran tamaño ocupaba todo el espacio. Quién sabe cuánta gente dormiría ahí, pero lo que a mi subconsciente le preocupaba no era cuántos ni quiénes dormirían ahí, sino en qué lavadora cabrían tales cobijas y sábanas.

El autobús llegaba al destino, después de muchas vueltas, y curiosamente, al terreno donde se encontraba dichoso edificio piramidal. Resultaba que ese lugar se llamaba Getsemaní, y era sitio de retiros para cristianos (no católicos). Yo obviamente no quería estar ahí, pero las personas de la ruta del autobús me comentaba que ya no podía regresarme. Muy apenas me dejaban salir al Oxxo (o 7Eleven) a comprar algunas provisiones.

Entonces decidí que me quedaría en Getsemaní a tomar fotos. Los niños y jóvenes comenzaron a salir al patio a participar en actividades de integración, cuando, recordando que me encontraba descalzo, tomé unos tacones rojos de mujer y me los ponía.

Nunca me había pasado que en el mismo sueño me pasara que teniendo zapatos, compraba más zapatos, que me robaran los zapatos que tenía previamente puestos y que me quedara con zapatos disparejos, y que luego quedaba completamente descalzo para finalmente ponerme unos tacones. ¡Qué sueños! Me pregunto qué tanto significan los grandes cambios en los zapatos, los zapatos disparejos y los tipos de zapatos.

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