El pasado diciembre había pedido en el trabajo que para este año, 2015, yo me encargaría de realizar mi declaración de impuestos del año fiscal pasado, 2014. Firmé una carta en ese entonces donde confirmaba mi petición. Meses más tarde la contadora encargada de las nóminas nos entregaría a quienes íbamos a hacer nuestra declaración de impuestos un documento donde venían las deducciones de impuestos que tuvimos el año pasado. Varias veces fui con la contadora a pedir el documento porque, viendo el calendario, ya se acercaba la fecha para realizar la declaración, que debe realizarse antes del 30 de abril, pero la contadora seguía en cada ocasión diciéndome que aún no tenía la carta de las deducciones lista, que esperara a que ella nos avisara.
Ya compañeros del trabajo me había comentado y recomendado qué cosas hacer para realizar este trámite. Uno de los ingenieros me dijo que programase una cita para ir a tramitar la FiEl (Firma electrónica), que la declaración yo mismo la podía hacer por internet. Entonces no quise perder más el tiempo y decidí comenzar por cuenta propia los trámites.
Claro que nunca hice la cita por internet, porque cuando en un inicio me asomé para ver en qué fechas podría apartar para programar la cita, vi que no había días disponibles, porque los siguientes días eran los días de la Semana Santa, y Hacienda, como buena institución burocrática y gubernamental, no trabajan esos días. Así que me resigné y fui a la sucursal de Miguel Alemán, sin cita.
Jueves, 19 de marzo:
Tenía ya varios días diciendo que iba a ir a el SAT a ver lo de mi declaración de impuestos pero la verdad nunca hice nada esos días. Ya fuese que me levantaba tarde o disfrutaba de pasar más minutos en la cama, pues esa semana trabajaba de tarde y tenía las mañanas libres.
La primera vez que fui a la sucursal, eran casi las once de la mañana, había bastante fila esperando su turno y yo apenas iba a ver qué me decían. Yo llevaba mis documentos completos (originales y copias de la acta de nacimiento, identificación, comprobante de domicilio y entre otros papeles). Cuando las personas que son los primeros filtros, que eran dos muchachos practicantes o de servicio social, me preguntaron qué trámite venía a realizar, comenté que quería tramitar mi firma electrónica. Me preguntaron que para qué la quería y les respondí que para realizar mi declaración anual, por primera vez. Me cuestionaron si tenía mi contraseña, y obviamente no la tenía. Así que me asignaron un turno para el trámite de la contraseña. Me pidieron que tomara asiento y esperara.
Fue así que ese día, jueves, 19 de marzo, día de San José, y día del padre en España, me encontraba sentado entre tanta gente (como cuarenta o más), esperando mi turno. Gracias a Dios que traía un libro para leer y matar el tiempo.
En el SAT tienen la peculiaridad que asignan tres tipos de turnos, por colores: blanco, gris y negro. No sé exactamente en qué consistan los colores, pero yo fui asignado al turno blanco por mi trámite de la contraseña. Así que por cada tipo de turno hay una numeración distinta, por lo que el muchacho o alguna mujer se para en frente de toda la gente para decir los números de las siguientes personas para que pasen a la sala de adentro. "¡Turno gris, números del seis al diez!", por ejemplo. "¡Turno gris, números del ochenta y uno al ochenta y cinco!" Y así sucesivamente seguían llamando los números de todos, conforme pasaban los minutos y las horas. ¡Era eterno!
Tras haber estado esperando sentado, algo desesperado, mi número fue llamado. Nos pidieron hacer fila por orden numérico, mostrar nuestro papelito donde decía el trámite que veníamos a realizar y que tuviésemos nuestra papelería lista. Me sentía victorioso, sabiendo que ya iba a entrar al interior del edificio, evitando ver lo que dejaba a atrás. Mi sorpresa aumentó al ver que dentro del edificio había aún más gente haciendo fila, esperando su (otro) turno.
¡Lo que faltaba! ¡Burocracia! ¡¿Qué más podía esperar?! O sea, ¡te dan un turno para más tarde asignarte otro turno!
Casi una hora después desde mi llegada me llamaron para hacer oficialmente el trámite de mi contraseña. Fue un procedimiento rápido. El señor que me atendió al revisar mi información en la red, me preguntó mi domicilio, y al ver que no coincidía con el reportado en el sistema, me pidió que agendara una cita (¡imposible en esos días!) para tramitar el cambio de domicilio, pues era necesario hacerlo, ya que el que venía era el de la empresa. Me desanimó el hecho que solo se puede hacer un trámite a la vez, ya que yo muy bien tenía la papelería necesaria para comprobar mi domicilio actual, y muy bien el señor pudo haberme hecho el cambio de domicilio en ese momento. ¡Ah, burocracia!
Lunes, 23 de marzo: