Donnerstag, 2. April 2015

El Via Crucis de mi corazón

A veces odio los días festivos. Los negocios cierran más temprano, la gente sale a vacacionar, los holgazanes duran horas hasta muy tarde en la calle y mi casa está vacía.

Es entonces cuando me sobra demasiado espacio y siento la necesidad de estar con alguien.

No lo niego, me gusta habitar en mis pensamientos, conmigo mismo, en mis anhelos y deseos. Pero muy adentro también quiero darme a alguien, compartir mi ser, y recibir el afecto y cariño latentes.

Entre tantas películas, series de televisión, novelas y cuentos, leyendas y rimas, obras y biografías, ciencia y religión, deporte y videojuegos, siento que no existe suficiente emoción, ni tanta pasión, que me agote, que me canse, y mi mente entonces sigue trabajando, en vano, queriendo encontrar lo que no hay, buscando a quien no está.

Espero un futuro, deseando que sea pronto, saber que tengo conmigo todo lo más bello que he estado soñando. Dormir tranquilo, amanecer sonriendo, comer con gusto, satisfecho, porque no habrá bocado que me llene tanto como el amor que habitará en mí.

Me pregunto si cuando eso suceda finalmente, ¿volveré hacia atrás la mirada, riendo, de mis infantiles pesares, sabiéndome como un hombre afortunado y realizado?

Me angustia mucho el futuro. Quiero adelantar las manecillas del reloj, correr hasta cansarme, y ver que han mejorado las cosas, una alegría humilde y pronta. Pero sigo así, sentado, escribiendo al pulso de mis latidos, cargando esta cruz en cada estación.

¡Si tan solo en tres días llegase el amor de una mujer a mi vida!

Donnerstag, 26. März 2015

Declaración de impuestos: Mi experiencia en el SAT

El pasado diciembre había pedido en el trabajo que para este año, 2015, yo me encargaría de realizar mi declaración de impuestos del año fiscal pasado, 2014. Firmé una carta en ese entonces donde confirmaba mi petición. Meses más tarde la contadora encargada de las nóminas nos entregaría a quienes íbamos a hacer nuestra declaración de impuestos un documento donde venían las deducciones de impuestos que tuvimos el año pasado. Varias veces fui con la contadora a pedir el documento porque, viendo el calendario, ya se acercaba la fecha para realizar la declaración, que debe realizarse antes del 30 de abril, pero la contadora seguía en cada ocasión diciéndome que aún no tenía la carta de las deducciones lista, que esperara a que ella nos avisara.

Ya compañeros del trabajo me había comentado y recomendado qué cosas hacer para realizar este trámite. Uno de los ingenieros me dijo que programase una cita para ir a tramitar la FiEl (Firma electrónica), que la declaración yo mismo la podía hacer por internet. Entonces no quise perder más el tiempo y decidí comenzar por cuenta propia los trámites.

Claro que nunca hice la cita por internet, porque cuando en un inicio me asomé para ver en qué fechas podría apartar para programar la cita, vi que no había días disponibles, porque los siguientes días eran los días de la Semana Santa, y Hacienda, como buena institución burocrática y gubernamental, no trabajan esos días. Así que me resigné y fui a la sucursal de Miguel Alemán, sin cita.

Jueves, 19 de marzo:
Tenía ya varios días diciendo que iba a ir a el SAT a ver lo de mi declaración de impuestos pero la verdad nunca hice nada esos días. Ya fuese que me levantaba tarde o disfrutaba de pasar más minutos en la cama, pues esa semana trabajaba de tarde y tenía las mañanas libres.

La primera vez que fui a la sucursal, eran casi las once de la mañana, había bastante fila esperando su turno y yo apenas iba a ver qué me decían. Yo llevaba mis documentos completos (originales y copias de la acta de nacimiento, identificación, comprobante de domicilio y entre otros papeles). Cuando las personas que son los primeros filtros, que eran dos muchachos practicantes o de servicio social, me preguntaron qué trámite venía a realizar, comenté que quería tramitar mi firma electrónica. Me preguntaron que para qué la quería y les respondí que para realizar mi declaración anual, por primera vez. Me cuestionaron si tenía mi contraseña, y obviamente no la tenía. Así que me asignaron un turno para el trámite de la contraseña. Me pidieron que tomara asiento y esperara.

Fue así que ese día, jueves, 19 de marzo, día de San José, y día del padre en España, me encontraba sentado entre tanta gente (como cuarenta o más), esperando mi turno. Gracias a Dios que traía un libro para leer y matar el tiempo.

En el SAT tienen la peculiaridad que asignan tres tipos de turnos, por colores: blanco, gris y negro. No sé exactamente en qué consistan los colores, pero yo fui asignado al turno blanco por mi trámite de la contraseña. Así que por cada tipo de turno hay una numeración distinta, por lo que el muchacho o alguna mujer se para en frente de toda la gente para decir los números de las siguientes personas para que pasen a la sala de adentro. "¡Turno gris, números del seis al diez!", por ejemplo. "¡Turno gris, números del ochenta y uno al ochenta y cinco!" Y así sucesivamente seguían llamando los números de todos, conforme pasaban los minutos y las horas. ¡Era eterno!

Tras haber estado esperando sentado, algo desesperado, mi número fue llamado. Nos pidieron hacer fila por orden numérico, mostrar nuestro papelito donde decía el trámite que veníamos a realizar y que tuviésemos nuestra papelería lista. Me sentía victorioso, sabiendo que ya iba a entrar al interior del edificio, evitando ver lo que dejaba a atrás. Mi sorpresa aumentó al ver que dentro del edificio había aún más gente haciendo fila, esperando su (otro) turno.

¡Lo que faltaba! ¡Burocracia! ¡¿Qué más podía esperar?! O sea, ¡te dan un turno para más tarde asignarte otro turno!

Casi una hora después desde mi llegada me llamaron para hacer oficialmente el trámite de mi contraseña. Fue un procedimiento rápido. El señor que me atendió al revisar mi información en la red, me preguntó mi domicilio, y al ver que no coincidía con el reportado en el sistema, me pidió que agendara una cita (¡imposible en esos días!) para tramitar el cambio de domicilio, pues era necesario hacerlo, ya que el que venía era el de la empresa. Me desanimó el hecho que solo se puede hacer un trámite a la vez, ya que yo muy bien tenía la papelería necesaria para comprobar mi domicilio actual, y muy bien el señor pudo haberme hecho el cambio de domicilio en ese momento. ¡Ah, burocracia!

 Lunes, 23 de marzo:
 

Freitag, 13. Februar 2015

Los zapatos de Getsemaní

En este sueño me encontraba inicialmente en el centro de la ciudad de Harlzbornn junto con unos amigos. Cerca de la plaza del Colegio Civil, me acercaba yo a un puesto de comida. Pedí una Coca-Cola. La peculiaridad de esto fue que en el local tenían envases de hielo. ¡Así es! ¡Envases de hielo! Así el refresco  se mantenía más frío, e incluso uno podría comerse el envase, pues era de hielo.

Después de esto, seguí caminando con mis amigos por el centro. Al parecer andábamos de compras. No recuerdo qué zapatos compré, pero cargaba en cada mano un par de zapatos nuevos, mientras que traía todavía puestos los viejos. En algún momento en que seguíamos en el centro, me detuve a cambiarme de zapatos. Me hinqué en una acera, y mientras me ponía los nuevos zapatos, alguien me había robado los zapatos viejos. Y luego quise ponerme un par de los zapatos nuevos, cuando descubrí que nuevamente me había robado los zapatos, pero en esta segunda ocasión me robaron un zapato de cada par, por lo que me quedé con los zapatos disparejos.

Después de otro momento, creo que me quedé descalzo.

Tras varias vueltas en el centro de Harlzbornn, yo y mis amigos decidimos despedirnos y cada quien tomó su camino a su respectivo destino. Yo tomé un autobús y esta ruta era muy larga. Pasábamos por unos terrenos que nunca había visto, donde habían ranchos enormes, fincas y mansiones en el campo. Uno entre tantos me llamó mucho la atención. Era un edificio que, como cualquier pirámide, los pisos iban disminuyendo de tamaño conforme el edificio era más alto. Y lo más sorprendente es que yo podía ver a través de ese edificio.

¡Sí! Podía observar que habían habitaciones enormes, gigantescas, donde una cama de gran tamaño ocupaba todo el espacio. Quién sabe cuánta gente dormiría ahí, pero lo que a mi subconsciente le preocupaba no era cuántos ni quiénes dormirían ahí, sino en qué lavadora cabrían tales cobijas y sábanas.

El autobús llegaba al destino, después de muchas vueltas, y curiosamente, al terreno donde se encontraba dichoso edificio piramidal. Resultaba que ese lugar se llamaba Getsemaní, y era sitio de retiros para cristianos (no católicos). Yo obviamente no quería estar ahí, pero las personas de la ruta del autobús me comentaba que ya no podía regresarme. Muy apenas me dejaban salir al Oxxo (o 7Eleven) a comprar algunas provisiones.

Entonces decidí que me quedaría en Getsemaní a tomar fotos. Los niños y jóvenes comenzaron a salir al patio a participar en actividades de integración, cuando, recordando que me encontraba descalzo, tomé unos tacones rojos de mujer y me los ponía.

Nunca me había pasado que en el mismo sueño me pasara que teniendo zapatos, compraba más zapatos, que me robaran los zapatos que tenía previamente puestos y que me quedara con zapatos disparejos, y que luego quedaba completamente descalzo para finalmente ponerme unos tacones. ¡Qué sueños! Me pregunto qué tanto significan los grandes cambios en los zapatos, los zapatos disparejos y los tipos de zapatos.

Montag, 1. Dezember 2014

Tan veloz como un caracol

Los días pasan lentos que me siento aburrido, pero al mismo ritmo corren las horas y descubro que no he realizado muchas cosas. En mi mente quisiera volar, viajar, escapar, pero me veo atado a la realidad, andando tan veloz como un caracol, sufriendo el pasar de los días, viendo cómo los demás van disfrutando su vida, sus profesiones y su tiempo libre.

A veces parece más interesante escuchar las vidas de los demás, saber cómo van progresando, formando sus familias y cómo viven el amor.

Aunque sigo trabajando y generando dinero, no me he sentido lo suficientemente motivado como para sentirme estable y no buscar más, o como para establecerme, buscar cosas serias y madurar, echar raíces.

Sé que soy joven, que debería disfrutar el presente, pero la verdad es que siento que no lo disfruto como yo quisiera. Me siento vacío, con deseos y muchos objetivos pendientes, con tesoros que me encantaría compartir, pero con mucha fortuna por ganarme.

Aún no he encontrado a la mujer que me acompañará en mi camino. Muchas veces he creído que la he encontrado. Otras solo paso desilusionándome, sin hallar correspondencia ni cariño duradero, real.

A veces me distraigo viendo partidos de baloncesto, pero esto resulta últimamente algo desmotivante, viendo cómo mi equipo favorito, Los Angeles Lakers, están como uno de los peores equipos de la NBA. Necesito más motivación.

Busco películas, libros, historias en qué distraerme, con qué divertirme. Y aún así, he perdido mucho el tiempo con otras cosas.

Quiero hundirme, quiero elevarme. Deseo correr, volar. Ansío estar satisfecho, conforme. Quiero crecer, ser más grande, mayor. Me desespero esperando el futuro.

Quiero sentir pasión en mi vida, ¡aventura!, ¡amor!

Sonntag, 2. November 2014

Vacante ocupada

Hace unos días uno de los supervisores de la área de envasado de ahí del trabajo halló una mejor oportunidad laboral en otra empresa y a algunos nos avisó que ya se iba, y a unos pocos que podríamos estar interesados, no habló que estaría entonces la vacante para el puesto que él tenía. Esta vez yo no quise perder ninguna oportunidad, y pronto hablé con uno de los jefes, un superintendente de producción, sobre la vacante que quedó y mi interés en ese puesto.


Samstag, 12. April 2014

Los fantasmas del profesor Monti

En este sueño yo me encontraba en una zona cercana a mi escuela de Ekimasce. Parecía ser ésta una plaza comercial muy grande. Tras andar por los pasillos donde abundaba la gente que iba a realizar sus compras, salí a alguna de las calles cercanas y parecía que buscaba alguna forma de entrar a el edificio de mi facultad. Finalmente, hallé una entrada, y ésta se encontraba por una sección trasera, donde había un estacionamiento, poca gente, unas escaleras que daban a el piso de arriba y por donde terminé accesando a este sitio académico.

Entré a una sala donde vi a algunos compañeros y conocidos. Las primeras personas que vi era un grupo de cuatro personas, donde un hombre de mediana edad orientaba a tres jóvenes estudiantes de ingeniería química sobre algunos temas. Resulta ser que la persona que asesoraba a estos tres chicos es un ingeniero mecánico que trabaja donde yo estoy actualmente laborando. También uno de los tres estudiantes es, en la vida real, un compañero del trabajo. ¿Será que este chico todavía necesita ser guiado en el trabajo?

Tras haber conversado un poco con estas personas, caminé por un pasillo y bajé unas anchas escaleras. Por todos los pasillos habían montones de libros apilados. No sé si estaban dispuestos para ser llevados o para apenas ser registrados en la biblioteca de la facultad. Como siempre, me vi interesado por tantos libros, pero sí tuve la dicha de poder llevarme uno.

Cuando terminé de bajar las escaleras, miré hacia atrás para ver quiénes caminaban junto conmigo. Vi pasar a un señor que también en la vida real es un compañero del trabajo, analista de laboratorio. Además de este químico, vi otro rostro conocido: Un profesor mío de mis años de la universidad, el ingeniero Antonio Montemayor, llamado por muchos "Monti".