Mittwoch, 29. Januar 2014

Una despedida duranguense

Hoy en la mañana, tras haber salido de mi turno laboral cerca de las siete de la mañana, me hallaba en los vestidores aún, pues últimamente voy al comedor a dormir unos cuantos minutos antes de cambiarme de ropa. En ocasiones mientras llego tarde a los vestidores todavía alcanzo a toparme con compañeros que, o llegaron tarde, o también salieron tarde de sus áreas de trabajo.

Esta vez llegó algunos minutos después de mí "Umbert", quien es supervisor en la área de envasado. Se encontraba hablando a través de su celular con su esposa, por cierto una mujer muy guapa. La voz de él se notaba muy triste, y se escuchaba cómo evitaba el escurrimiento nasal.

Escuché poco de la conversación que tenía este ingeniero bioquímico con su esposa, diciéndole que no fuera a trabajar. Luego le comentó que lo acababan de despedir, que ya no iba a trabajar ahí, mientras tanto yo terminaba de cambiarme.

Pasaron algunos segundos más y terminó su llamada telefónica, yo ya iba a retirarme cuando mi colega me dijo: "Hènne, a ver qué día nos vemos", queriendo decir de cierta forma que ya no nos veríamos. "¿Todo bien?", preguntéle, a lo cual respondió "No, Hènne, nada está bien". Fue entonces que me explicó que hoy, minutos tras haber terminado la jornada laboral, nuestro jefe lo mandó a llamar a su oficina y fue ahí donde le dijo que ya no trabajaría más.

Le comenté que lo sentía mucho y le deseé que las cosas mejorasen y pronto. La verdad, en serio, siento mucho su situación, porque él es foráneo, su madre y su padre no viven juntos; su esposa, siendo profesionista al igual que mi compañero, trabaja en algo nada relacionado a lo que estudió y además tiene tres meses de embarazo, lo cual hace de la situación algo muy delicada.

Esto me hace reflexionar sobre el valor que tiene el cuidar el trabajo que tengamos, nos guste o no. Saber que cuando uno va a trabajar, eso se tiene que hacer: trabajar.

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